miércoles, 7 de enero de 2009

La Botella de Papel



A finales del año pasado(aunque suene lejano es hace bien poco), cumplió 6 años de estancia en la red esa gran referencia que nos es para muchos lectores de cómics: La Carcel de Papel. Desde aquí quiero agradecer al autor: Alvaro Pons, la gentileza que he sabido hace poco que tuvo, de hace unos meses dedicarme uno sus enlaces luneros. Ahora solo falta la estatuilla esa del ratón como premio a mejor blog sobre cómics 2009 . 6 años de continuidad es algo que corrobora el buen funcionamiento de un concepto. Yo a raiz de ese aniversario comenzé a darle vueltas a mi concepto e imagen que ofrezco sobre este 9º arte que son los cómics. Y es que tras mucho reflexionar y hacer balance interior de los defectos y virtudes de este blog, he llegado a la conclusión de que yo no estoy dando la imagen que se merece el cómic y estoy pecando de muchos clichés autoimpuestos y coletillas manidas personales que lamentablemente traspaso a este blog. De todas formas que nadie piense que puedo estar apenado por ello, ya que es todo lo contrario, me siento muy orgulloso. El primer paso para corregir un fallo es reconocerlo.
Así que he decidido que a partir de hoy voy a darle nuevos aires al Blog Embotellado y volverlo de cierta manera más erudito, selecto y con más contenidos de peso que demuestren la elasticidad del medio del cómic como transmisor de cultura tan valido o más que otros. Eso si, no sin ello apartarme de mi linea marcada, ante todo entretenimiento, cuando un buen dia me dió por crear mi primer blog sobre cómics.
Pienso que la mejor manera de comenzar mi giro gradual hacía esa nueva perspectiva es con un breve ensayo-repaso de la valoración social por la cual ha evolucionado el comic-book desde sus comienzos hasta nuestros dias.


Corrian los años 50, y una comisión especialmente creada por el Senado de los Estados Unidos llevó a cabo, obligada por una especie de vacio legal, la que iba a convertirse en la definición canónica del superhéroe: "Persona con una destreza física sin precedentes dedicada a proezas en beneficio del interés publico". Con esa definición, sin embargo, y amparandose en las estrambóticas teorías que el psicologo Fredic Wertman había volcado en su libro "Seduction Of The Innocent", lo que se pretendía era sentar las bases de una investigación de corte moral(con destellos de cazas de brujas muy al gusto del momento) para determinar el grado de corrupción intelectual, un daño supuestamente irreparable, que podían causar las historietas de superhéroes en las inocentes, blandas e impresionables mentes de los chicos estanounidenses de los años cincuenta.
Una vez finalizado el proceso judicial, una vez creado el Comics Code Authority(la etiqueta que debían lucir los cómics "aptos" para venderse), y tras veinte años de reinado, concluidos con un masivo hundimiento del que tan sólo iban a salvarse unos pocos, todo el mundo pareció coincidir en que el tiempo de los superhéroes disfrazados había tocado a su fin. En ese momento, como es lógico, resultaba dificil entender que no se trataba del final denitivo, sino tan sólo del canto del cise de lo que hoy en dia ya se conoce como la Edad de Oro de los superhéroes: época que se inició en 1938 con la aparición de Superman en la publicación Action Comics de la editorial Nacional Periodistical Publication(la actual DC) y que dió fruto a una inabarcable sucesión de personajes con poderes sobrenaturales y vistoso vestuario(Batman y Wonder Woman) que hizo las delicias de los jóvenes y enriqueció a los editores de dichos cómics.
Esa epoca de efervescencia creativa, nacida de un reconocible sustrato pulp queda retratada a la perfección en la novela de Michael Chabon: Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay. Joe Kavalier, joven artista checoslovaco de origen judio huido por los pelos de la persecución nazi, llega a Nueva York en 1939, y junto a su primo Sammy Clay, decide sumergirse en el incipiente mundo de los cómics; en ese momento, una máquina de hacer dinero. Inventan para ello un superhéroe único y ejemplar, el Escapista, capaz de enfrentarse sin que le tiemble el pulso al peor de los supervillanos de la epoca: Adolf Hitler. Lo que empieza siendo poco menos que un candoroso sueño de riqueza y gloria, acaba transformandose en una de esas historias de ascensión, caida y rendeción tan del gusto de los lectores de la tierra de las oportunidades. Chabon se sirve de estos dos personajes, así como del famoso protagonista de sus historietas, para trazar un detallado fresco de la vertiente más popular del arte norteamericano, de los entresijos de una época en la que todavía existía espacio para imaginar sin restricciones(En 1939 el cómic americano, como les ocurría a los castores y las cucarachas en la perhistoria, era más grande y, a su propio y engorroso modo, más esplendido que su descendiente moderno). Una epoca en la que soñar era barato. Una época en la cual los niños podían disfrutar de la aparición de una figura benefica y transcendente capaz de arreglar cualquier desagüisado con una sonrisa en los labios y dejando a su paso un agradable aroma a aftershave. Y es que el escapista era vanidoso. A veces los lectores le veian detenerse, e camino a luchar contra las fuerzas del mal, para observar su reflejo y peinarse en un escaparate o en el espejo de la balanza de un drugstore.

Me duelen los dedos, asi que Continuará...